Monday, October 8, 2018

Sospechas legales e ironias ilegales


Sospechas legales e Ironías Ilegales
Por Leomas

Uno a uno fue desapareciendo entre soles, estrellas y barras, que lucían disciplinas y gritaban consignas vomitadas por escuelas que sembraron maldades en las mentes desde el norte con medallas falsas de honor y miserias de ciudad. Como gelatina sin azúcar y aromáticas sin sobre, los mancebos eran llevados en camiones bajo engaño y propuestas laborales con remuneraciones que sólo la mafia criolla estaba acostumbrada a pagar a sicarios del caporal. Entre jefes y mandos medios todos eran desalmados, llevaban mala cara y sus rostros como para remedio infernal. Aunque caminaban masculinos se les notaba algo raro en su apetito, apretando sus glúteos entre sus calzones transparentes de seda e hilo fino dental. Ellos robaban de cuarteles el mercado que iba a nutrir a soldados que incautos cambiaron su destino por disparos de muerte que arrebataron la vida a connacionales, a otros que de pueblos fronterizos observaban y a varios cayeron bajo el anonimato de la voz de un malandro capitán.


Con orden presidencial se metieron en barriadas y comunas aparentando salud y servicio social. Con mañas engañaron a inocentes que pasaban sin trabajo al azar por aquellas cosas de hablar con extraños sin reparar las brazas que llevan ciertas siluetas entre sus huesos que no dejan de sonar. Lograron destruir la vida en casuchas, canchas, parques, ramadas y en antros del chaparral. Una voz en el camino que profetizaba, logró decirles el año exacto que a todos los psicópatas enjuiciarían y la fecha con pelos y señales de partida a la otra vida que llama sin disparar. A hermosos doncellos seleccionaban para aparentar valentía y musculatura que aumentaban con trajes camuflados y con botas infladas de perversidad. Sólo eran vagos de doble vida que arremetían contra la justicia, verdad y paz. Las armas los hicieron aparecer como líderes de calles y cantinas que aun los torcidos no querían conocer ni ensayar. A sangre infame los mataban con rifles y ametralladoras y los enterraban bajo tierra para que el delito se pudiera ocultar. 


Uno de ellos se rebeló contra la mentira y comentó bajo la estera de uno que buscaba pareja y que las faldas habían dejado pasar porque su naturaleza no le dejaba mirar esas curvas que enloquecen a quienes más tarde creen tener santidad. Bajo escombros lograron enterrar a varios citadinos incluyendo a enfermos que no podían usar sus manos y a otros que estaban atrasados y que la mente no los dejaba pensar. El sol y la luna esperaron varios meses para ver el rechazo y protesta de la población mundana que no podía pensar. La tierra quiso ver en las calles a grupos humanos denunciando a los asesinos militares y a sus cómplices en cada lugar. Nada sucedió y hubo silencio sepulcral de los moradores y legisladores hasta en la capital. Todos estaban cobijados por la maldad y corrupción del coronel Chandosal. Ellos, hijas e hijos, habían bebido agua contaminada que bajaba de los sangrientos uniformes y habían alquilado con el dinero de la mafia, la construcción del piso de mármol por donde pasaron varios de los cadáveres con delantal.


El viento tuvo algo de paciencia y guardó su fuerza debajo de las cavernas que deja la nieve en la montaña testigo de la muerte y del mal. La lluvia recogió su velo para no herir las manifestaciones y lamentos que creyó ver con la desesperación de sabios e ignorantes que tejían orgullo y vanidad. No hubo nadie en la contienda que dijera del maltrato a la vida, desintegración de nefastos y cobro justo a los delitos aún en navidad. Todas y todos estaban ocupados en francachelas, comilonas, orgias, parrandas y en otras deliberaciones sin son ni sal. Algunos citadinos sólo tenían tiempo para organizar carnavales, reinados, murgas y miserables campeonatos, que dejaban orines putrefactos sobre el matorral. Primero vino el granizo que golpeó sus calles y terrazas y dejó sin techo a los dementes que se creían propietarios hasta del fusil que cegó la vida en el cigüeñal. Luego incendios que no pudieron detener en las esquinas y sobre las montañas que rodeaban el bonito lugar. Más tarde después de un lustro un terremoto destruyo las casas de bandidos y oficinas donde se tejió la crueldad y epidemia que los hizo correr como gacelas a otros planos donde los mató un vendaval. 


La montana se enfureció a las 7 de la noche y salieron aguas subterráneas que barrieron las guarniciones y llegaron a limpiar las sienes de quienes comandaban las bandas de asesinos que en fila se les vio lejos del cuartel y dentro de un diario maltrecho y sin jornal. Los muros de cemento se cayeron como melcocha sobre barro y los puentes se desbarataron como circo y maltrecho morral. El gigante sol escondió su brillo y la luna fue silenciada por una nube oscura que dejó el segundo y tercer chamuscal. En la madrugada hubo un nuevo temblor de tierra que destruyó el edificio alto de las mañas y la casaquinta del propietario del desorden y crueldad. Entrando la mañana un tercer movimiento lanzó al piso las paredes coloniales en donde se planearon barbaries y se violaron los valores que practicaron aborígenes y unos blancos despistados sin coeficiente lograron pisotear dejando un muladar. 


Había otro hombre frente a la silla putrefacta y su antecesor estaba de visita en una quinta que se acercaba al cristalino mar. Juntos fueron arrastrados por la corriente de un rio que otrora fue pieza clave de navíos, que la industria explotadora logró destruir y mermar hasta su caudal. Los hijos que viajaban en helicóptero fueron barridos por el aire y al suelo de los desarropados con cicatrices de sangre fueron a parar. Allí moribundos quisieron escriturar a testaferros las propiedades robadas pero el juez contratado también fue lanzado por el fuerte viento como estiércol de corral. Las paredes de las cárceles quedaron destruidas y los presos que injustamente purgaban penas salieron ilesos a la libertad del penal. La justicia de la tierra también cobró a los ilegales las matanzas, secuestros y a todos los barrió del triste semental. En la jungla el agua destruyo cada cambuche y ahogó a los otros facinerosos que también hicieron daño creyendo que la vida humana era de retal. A otros falsos grupos militares fueron alcanzados por los vientos, quedaron enterrados bajo arenas y piedras cerca a la selva que había brillado con majestad. Los incendios llegaron a los juzgados y los mentirosos documentos se convirtieron en ceniza, baba y lodazal. Abogados y leguleyos murieron con sus familias descuartizados por los tornados que pasaron por casas y oficinas sin hablar.


Cinco días de lluvias y fuertes heladas, azotaron la plaza principal con sus ciudades circunvecinas y cada potrero se inundó de par en par. Una a una de las avenidas fue convertida en chicha, remolino, grisáceo panal y basural. Hubo polvo y ceniza entremezclado con azufre que salió de una empresa que procesaba ciertos aromas que los delincuentes lograron saborear. Se salvaron cucarachas y ratones que dormían debajo de las raíces, con hormigas y gusanos atravesaron la frontera y buscaron un mejor lugar. 15 días de tragedia barrió la arena de las calles y los bultos de basura se corrieron a la oficina del contralor y del fiscal. Por fin asomaron los políticos que estaban asustados como gallinas frente a zorros que consumen carne como cuatreros sin pagar. Ninguno tuvo ideas frescas para agilizar la limpieza y guardaron silencio en el recorrido, el mismo que habían usado cuando la tragedia macabra estuvo dirigida por un inepto y cruel General.


La tierra devolvió cuerpos y cadáveres que años atrás habían escondido bajo la tierra húmeda y poco a poco la gente iba identificando las mandíbulas que salían de las tumbas como si el tiempo las hubiera hecho resucitar. Las fosas quedaron vacías sobre las rocas abriendo cada nombre de citadinas y citadinos asesinados, y que estaban esparcidos entre maleza y sal, junto a muchos cuerpos de inocentes campesinos que también fueron masacrados con moto sierras y fusiles infectados de azufre y contaminada cal. Al caer el nuevo año la política y el sistema de gobierno quedó en manos de un nuevo grupo salido entre los invisibles que otrora hizo bulla sin igual entre otros desaparecidos, que fueron fumigados a quemarropa aun dentro del hospital. Una dama entre las multitudes estaba al frente del destino y con lista en mano llamó a los culpables, a quienes aun vivían entre la mugre y granizal. Por fin los asesinos y corruptos tradicionales abandonaron las parcelas y rincones, y los limones no dieron fruto para ayudar y aclarar el horror bajo un tenebroso huracán. De nuevo pobres y marginados tomaron tierras, cultivos y plantaciones y consiguieron prosperidad con cierto miedo al regreso de quienes salieron huyendo lejos a otros planos en la tempestad.


Uno de los hijos que fue afectado por el asesinato y masacre de sus padres fue nombrado por la hembra gobernante ministro de gobierno y los colores del pasado fueron borrados del mapa y de la geografía popular como aviso sobre playa de enamorado fugaz. Se derrumbaron estatuas de perversos, rezanderos y sanguinarios, que habían usurpado los espacios en las veredas y en la misma ciudad. Las esfinges e historias de los rectos empezaron a tejer nuevos derroteros y hubo calma sin ron y ni un solo festival. El tiempo está cerca pero aun falta que llegue el 20, para que todos sepan que por fin la paz anhelada llegará sin tanta alharaca y como roca se quedará pero la misma se debe cuidar y custodiar. Lo excelso es anhelado aun por quienes pisotean la justicia y la misma dignidad.

Sola entre Espinas arrugada


Sola entre Espinas arrugada
Por Leomas

En noviembre recibió claveles y se sintió una diosa. En diciembre le llevaron flores y se creyó muy hermosa. Llegó enero con carnavales y sólo bailo con otros por caprichosa. Entre las risas de mayo y junio, danzo descalza y aunque triste, algo dichosa. En octubre ramos brillantes de tulipanes y algunos lirios de dulce lino, mostraron cielos con melodías entre yeguas, matorrales y celos pero no divinos. El joven que la seducía, bello, esbelto y buen galopante, a dos kilómetros de distancia vivía solo y sin amante. Sus padres adoptivos muy entrados en edad, estaban en fosas comunes porque no hubo ni para el pan. Un rancho de latas y cajas raídas, era su única guarida pero con plantaciones de coco, hortalizas, frutas, legumbres y vida.


Rosales, gladiolos y margaritas rodeaban al fuerte mancebo, claveles, lirios, tulipanes y flores en forma natural, estaban en los potreros con belleza sin igual. Su estancia no era gigante y algunos animales de cría, lo hacían ilusionar con hogar hacia una mejor vida. Lo más precioso que tenia, era un caballo de paso fino, con adornos y figuras que habían llegado desde el ocaso de las tierras de don Lino. La estatura del jovenzuelo lo hacían galán de cine y su perfil citadino como si fuera un potro salvaje. Perlas eran sus dientes y labios de fresco sauce, lo hacían parecer a cuentos que nunca perecen sin aire. Estaba allí algo triste rodeado de pobreza, también de gente mezquina, de guayabos y cerezas. Al pueblo no habían llegado las cuestionadas costumbres sino las rectas y curvas hubieran tejido pesadumbre.


Todos los fines de semana después de largas jornadas, iba al caserío cercano para ver a su escogida amada. Ninguna lo miraba porque todas veían telenovelas, de esas que idiotizan aun a la misma escuela. Los productos los vendía en una plaza de miseria pero el alcalde del pueblo afirmaba que era la mejor en varias tierras. La casona de la esquina era su preferida y allí dejaba sus rosas y también sus ilusiones perdidas. La bella estaba ocupada en otras cosas de mundo moderno y trataba de ganar al hijo del millonario Facundo, mostrándole sus senos y también haciendo turno. Sus compañeras la invitaban a reuniones, cantos y charlas, de vez en cuando un suspiro estremecía su cuerpo con ganas. Todas en coro hicieron gracia y se sintieron las más hermosas. Entre murmullos y finas cremas, se dijo algo del sexo fuerte, mientras espejos y discusiones, llegaron lejos con nuevos lujos. Leyeron versos de amor maduro y varios chistes de nuevas salas. Entre risas y contradicciones, algunos vinos de los rincones planearon viajes y vacaciones.


Llegó a la puerta de su morada, ramos de rosas cada tres días y serenatas en los balcones que tejen sueños y nuevas vidas. Un ramillete de flores rojas con varias notas lanzó un suspiro y entre las rejas de la mansión murieron pétalos con buen retiro. Anillos nuevos mueven sus manos y varias joyas entre regalos. Ella los mira por vanidosa y aun cree realmente ser diosa, lanza un grito con desespero y cree que debe ser esposa de uno que le de riquezas, sin hijos para no maltratar sus senos. Su enamorado la espera afuera y ella se esconde entre cortinas, mientras la brisa de madrugada lleva al mozuelo a una cantina. Allí él disfruta de algunos besos de una chica sin experiencia y bailan juntos con las cervezas, lanzan piedras a los castillos y enderezan varios desmanes y algunas tristezas que no traen lujo. Caderas finas aquí se esconden dijo con ganas el campesino, orquídeas frescas que en la sabana he visto al aire y cerca a varios pinos.


Los años pasan como en molienda y aun persiste el beso rubio y dorado, lanzando perlas y esmeraldas sin la respuesta del mundo orgullo. Nuevas penas y amarguras lo llevan a ser un varón vagabundo. La mujer que se cree elegante sigue volando buscando amigas y ciertos refugios. Entonces piensa el gran muchacho en dar a su vida un nuevo rumbo y declara amor eterno a la mujer que baila con ganas y que en esas madrugadas lo arrulla como dama. El no regresa a los desprecios y se olvida de los insultos. La otra ama a millonarios y deprecia a los pobres que no regalan oro ni lujo. Llegó febrero de un nuevo año y hay jinetes que marchan juntos, llegaron novios con risas frescas muy de mañana era domingo. Hubo fiesta como en la feria y todos ríen al buen marido. Gozan, saltan y bailan juntos aumentando el buen consumo. Llegan poetas y escritores a contemplar el mejor idilio. Hasta los policías del pueblo que no habían ido al burdel, saben que esas caderas son de diosa y también de oropel.


Y entre las mujeres pueblerinas hay chismes y comentarios. Se dice afuera que un potro joven se ha casado dentro de un establo. Todas critican y siempre ríen pero están solas, amargadas y sin quien las cuide. Ahora cambian de estrategia y dicen que ellos son tontos y que escogen entre las cosas la peor con historiales de uso y pocas moralejas. La bella que no es esbelta lanza al aire cantos y notas y hace saber que la suerte a ella no importa ni le vale. En septiembre arribó un carruaje que trajo a un hombre de traje fino. Hay una dama que mira lejos como buscando diamantes y bellos lirios. Hablaron poco porque en sus manos traían un mapa señalando un solo camino. Vienen en busca de una doncella que habían perdido por el destino y por las señas creen ahora que ella se ha casado con un pobre campesino. La prensa amarilla que es moderna logró regar la noticia de una mujer prostituta y sin nombre que embrujó a un pobre diablo y buen iluso. Los ineptos periodistas lanzaron pedradas grotescas a las mujeres que se casan por estar enamoradas pero la misma cruel noticia desenredo la madeja y mal costumbre.


La caravana trae hombres que cuidan a la pareja y llevan armas y carabinas porque es una tierra de buen peligro, de disputas viejas y muchas espinas. Son policías de alto gobierno que llegan fuertes haciendo ruido. Traen consignas y documentos para aclarar ese nuevo lio. Todos están sonrientes y han caminado por el valle del inmenso rio. Ven lejos a la distancia una casucha destartalada que hace sombra a un bello sol escondido y en donde se ven ramadas y muchos lirios. Salen mirlas cantando alegres de los plantíos y sobre los grandes frutos hay azulejos que lanzan cantos junto a un coro de aves salvajes que se unen en un solo ritmo. Hay nueva fiesta entre turpiales y un chupaflor hace temblar de risa al medio día con néctar de buen paladar y aleteo fresco hacia un nuevo panal. El caballo joven del buen esposo ve a los lejos un gran gentío y piensa que algo raro está pasando o que él está dormido. Regresa rápido al rancho pobre con cierta duda de estar soñando y entrega flores a su belleza que esta juiciosa cuidando al hijo. Desde el potrero de los arbustos, un teniente lanzó un fuerte grito y dijo saber que el buen muchacho se robó una joya y buen partido. Hemos venido a clarificar un rumor del viento y un asunto que arreglar porque chismes se han tejido como una broma y escalofrió. El mozo no entendió aquellas palabras y miró fijo a los desconocidos y sólo dijo: Yo soy pobre y sin sentido, lo más valioso que poseo es una flor que entre los lirios cambió mi vida y ahora me ha dado un hermoso y bello niño que llegó como manantial a mi pecho sufrido.


Bajó la dama en hora buena y miró al joven con acertijo y lloró lágrimas con emociones que nadie entiende porque no hubo frio. Su cara es bella señora mía dice angustiado el jornalero, hay algo en su mirada que pone a todos entre el suspenso de buen comensal y con anhelo todos esperan una respuesta como arrabal. Mientras tanto la bella esposa sale en busca de su delirio y siente algo raro entre sus entrañas y cree estar de nuevo esperando otro hijo. Estamos aquí entre los sucesos y venimos en busca de algo perdido. Hace 29 años una bella niña mientras viajábamos en un navío, fue arrebatada por huracanes que junto a vientos del mar bravío, hundió la nave cerca a la playa y se extraviaron muchos niños. En la misma confusión la odisea dejo muertos y heridos pero algunos afirmaban en los hospitales, recordar que varios habían nadado hasta orillas de la playa encima de troncos heridos. Hay relatos de padres adoptivos que se escuchan en salones y reuniones de la arrogante sociedad, que en el buque no encontraron las pequeñas embarcaciones que se usan para salvar y remar cuando el mar siembra su poderío.


Mi esposa dice mientras duerme palabras lindas y buen arrullo. Al otro día no recuerda lo que ella siempre exclama entre dormida y despierta del zumbo. Nombra a mamá Clara y a un tal Don Samudio, dice que ellos son sus padres y que trabajan con telas, algodones e hilos finos. Ella tres años mayor de este pobre hombre que está feliz porque vio nacer a su primer y hermoso hijo. Estoy asustado y creo que es locura por el martirio que tuvo, sus sesos pueden estar tejiendo fantasías y mal de augurio. Esta bella esposa mía fue violentada por hombres, damas miserables y por el mismo destino por no poseer un apellido. Hoy vive aquí sin tener riquezas bajo este amado que agradece tener esta fortuna que llegó como manjar caído del ancho velo a esta casa que renació como si fuera un embrujo. La primavera ha sacado flores que están en todos los caminos y aquí se escuchan canciones que llegan con éxtasis a este corazón que estuvo muy adolorido.


Y tu muchacho de dónde eres y quien te trajo a este mundo dijo Don Samudio. Vivo aquí mis 29 años. Soy un solitario y estaba indefenso sin rumbo. Mis padres me recogieron de una playa del ancho rio y ellos afirmaban que me rodeaban maletas y varios bultos. Ellos me criaron porque estaba perdido debajo de tablas de un barquito hundido. Estaban viejos y hoy sus cuerpos están aquí en esta parcela pero ya no tienen frio. No tengo estudio eso es muy cierto. En estas tierras nos desprecian pero me gusta hacer navíos. Somos muy pobres y los profesores del caserío nunca me recibieron porque no tengo ni registro. Muchacho bello ella es mi esposa Doña Clara y yo soy Don Samudio. Ella su esposa es nuestra hija y hoy es la esposa de ti y llegas como uno de mis hijos. Te has ganado una bella rosa y ella es pura y así serán tus hijos. Tú eres hijo de un gran hombre y él es el fabricante de modernos navíos. Tu padre vive al igual que tu madre con mansiones, empresas y extrañando al hermoso perdido. Enseguida avisaremos por banda ancha y banda corta que viaja con nosotros un sistema  que actúa como buen amigo por los nuevos inventos y dicen que por los científicos.


El jefe de los militares saco una radio de buen estilo y llamó a otra parte dando nuevas noticias e informaciones de los hechos del naufragio que fue suceso del último siglo. Mientras los padres de la muchacha abrazaban a los tres como verdaderos hijos. A la parcela llegaron todos los amigos, vecinos y campesinos. Trajeron guitarras, tambores, ollas y se armo un gran día festivo, hasta con arpa, maracas y mozos con sus tríos. Algunos estaban tristes porque el trabajador de la choza ya no volvería a cultivar más lirios. Sobre al aire del firmamento tres helicópteros hacen gala como buenos padrinos y el ruido de sus motores despertó a los citadinos que se creían de plaza gigante y de linajes encendidos. Bajaron los vehículos como remolino en busca de otro de los hijos perdidos. Un hombre alto bien parecido es el primero en asomar el cuerpo bajo los vientos que deja la potencia y el mismo ruido. Una dama de sonrisa bella también llega bajo los círculos del pasado viento herido en busca de su primer hijo.


No hay duda dice la chica los dos son muy parecidos. Hay carpas improvisadas y comidas para todos los vecinos. La nueva gente trae consigo hasta políticos, periódicos y periodistas que jamás allí habían ido. La orgullosa de las cortinas se enteró a la hora del suceso y ruidos, fue en busca del joven que durante varios años le regalo rosas y perfumados lirios. Ella le negó los besos y también hasta el saludo porque su enamorado no tenía buen apellido y nada de lujos. El caballero al verla le dijo de esta comarca siempre las cortaba pero ahora todas son para mi esposa y también para mi hijo. No te preocupes, te he perdonado cada desprecio y hoy no tengo nada en contra de tu destino. Mire encontré una dama y feliz me encuentro porque me ha dado un primer chico. Ahora tengo una familia muy numerosa y sin saber hasta mis verdaderos padres han aparecido. Tengo nuevos planes y un nuevo brillo. Pronto todos nos iremos de donde nunca debíamos haber salido. Te regalo esta parcela para que recuerdes las flores y los versos que te lancé adolorido.


La pareja dejó la finca y se alejaron para siempre del caserío. Hoy la ventana de la orgullosa está muy sola y con el corazón partido, las cortinas de la vanidosa ya se han destruido. La dama odiosa es juez del pueblo y de vez en cuando camina hasta el viejo plantío. Ella mira flores y tulipanes y aun esta sin marido. Sabe que sus arrugas no llegan solas, lo mismo que los buenos fríos. La plaza de mercado ya no vende rosas porque el turpial dejo solo a los plantíos. Hay vagancia en los muchachos entre el viejo gentío. Cada atardecer lanza un grito la dama envejecida y piensa que sus varones se fueron a un mundo perdido. Mis ilusiones fueron de paso y no aprendí a plantar como mi enamorado amor campesino. Sola piensa la dama elegante con los años que la han envejecido. Es demasiado tiempo que no aparece ni siquiera un viejo mirlo. Mira hacia el horizonte a ver si por lo menos ve un ancianito perdido.

Saturday, October 6, 2018

Primaveral y antes de navidad

Primaveral y Antes de Navidad
Por Leomas


Recuerdas que hubo mariposas sobre el firmamento de aquellos hermosos potreros que vieron correr juveniles siluetas masculinas entre árboles gigantes, arbustos cítricos testigos de esos primeros besos y de aquellas picaras caricias en el primer atardecer de la primavera. Hubo música con melodías entretejidas de reclamos en el día del aniversario. Ellos danzaron inocentes con inusitados movimientos que produjo los tambores que dieron vida a quien más tarde seria testigo del romance que empezaba y que nunca envejecía en los tiernos corazones de los paseantes. Era jueves de trueque y juegos, en cada una de las zonas en donde como fantasía aparecían pequeñas casas y miles de animales domésticos entre risas y miedos que hicieron historia como ensueño. Los campesinos alistaban canastos y costales que eran transportados a carga de mula para su venta mientras los protectores de los intrépidos doncellos creían que se perderían debajo de las piedras del rio cristalino del paisaje, sobre los frescos musgos que se habían apostado en los caminos como oficina de príncipes encantados y leyendas novelescas de concubinos enamorados.



Al caer la noche el tiempo no se detuvo sobre los rostros de quienes sembraban historias de ilusos y soñadores. La seguridad y medidas astutas que exigía el área roja de la violencia y muerte las olvidaron, los guardias de la hacienda que actuaban como guardaespaldas de los escogidos principiantes, fueron en busca de los dos hermosos cuerpos adolescentes que saltaban como chispas de fogatas encendidas, se perdían en juegos creados por magos invisibles aun a la entrada de la luna, gozaban como si fuera una mañana fresca sin relojes ni quejas. Los juguetones sintieron pasos de caballos galopando sobre la hierba húmeda como relámpagos y jinetes que gritaban como si una escuadra de soldados sobre los aires tramara una emboscada bajo el compinche del lucero frente a enemigos que no existían sino en mentes de quienes patrocinaban la venta ilícita de armas en el territorio con presencia de grupos armados ilegales de paramilitares, guerrilleros y otros delincuentes.



Hubo desconfianza entre los jóvenes que conocían las historias terroríficas de asesinatos y desapariciones contadas por corpulentos obreros que cumplían órdenes a quienes prohibían acercar la libido a la orilla de la quebrada que sólo era usada para lanzar los cuerpos muertos de inocentes que los facinerosos hacían pasar por delincuentes para cobrar el dinero maldito de la injusticia de botas verde olivo. La anciana mujer de la cocina dijo haber visto muy cerca al visitante debajo de las acacias, sobre la roca gris apostada en uno de los potreros del ganado, la misma que los llenó de lozanía y éxtasis en cada sollozo con abrazos y besos como en subasta. Solo la risa pudo calmar la tristeza de quienes creyeron acercar un secuestro, porque a lo lejos vieron los cuerpos semidesnudos de los jóvenes príncipes que habían experimentado no sólo correr la sangre mixta dentro de sus cuerpos sino el oleaje que produce la chispa de fuego que dejan los zafiros encendidos.



La noche no dejó conciliar el sueño a los inexpertos, grillos y luciérnagas fueron testigos oculares de improvisados desvelos y sollozos sobre la hierba húmeda y debajo de las acacias envejecidas cómplices de los improvisados saltos. Los juveniles tejidos musculosos saltaron por la ventana de los mirlos y se acercaron como fina red de hilos dorados irrompibles hasta el amanecer aun entrando el sol de la nueva mañana que los sorprendió sin ruido. No hubo cenizas almidonadas sobre las rocas, las hojas secas fueron testigos como cámara oculta del primer romance y no hubo cansancio, pero si un aroma a lirio fuerte amenizo los aires del remanso. Aquel ruiseñor estuvo muy cerca del arrendajo, prendidos los dos de silbidos y cantos. Miedo sintieron de cada caricia que salía como relámpago de nube para lanzar chispas de diamantes y perlas que parecían como dentadura eterna de los dioses que lucían descontaminada del ruido de la metrópoli de donde se habían transportado como de costumbre por órdenes expresas de sus progenitores que entendieron que no era un aprendizaje. Las sonrisas de esos días aun iluminan la galaxia celeste con los mismos hermosos dientes que hicieron tejidos brillantes y remolinos sonoros al paso de corrientes en movimiento que llegaron con nuevas fuerzas para la añoranza de rubíes y diamantes que no envejecen.



Aun hoy llora la partida de ese medio día cuando el tren habituado al ruidos de los rieles los regresó al cotidiano trajín de aquella temporada y los lanzó sobre arbustos rejuvenecidos por la tristeza que dejan tunas y cayenos juntos cuando de despedidas se trata si fuerzan la entrada del romance que no obedece las normas que si envejecen. El profesor de matemáticas que era uno de los educadores preferidos del mancebo dijo que el lirio había llegado diferente la semana anterior y que observo caer sobre las sillas ciertas flores amarillas con granate como el oro de la hermosa enredadera y él quiso denunciar que algo corría debajo de la calzada y sobre el ventanal que mostraba alegría de venas y arterias como en las mejores tiendas cuando el perfume de los almacenes locionados llega a los espacios de los incautos enamorados. De nuevo llegó el fin de semana casi que retrasando las horas de los paseantes. El reloj les ayudó a construir risas que rompieron el silencio de un mundo desconocido que se hizo fiesta y rompió el hechizo de secretos que hoy desaparecen.



La casa grande alargada sobre la planicie campesina gritó de algarabía al ver llegar de nuevo a quien empezaba la jornada sin aventura y que sobresalía cada mañana con su bella silueta y hermoso rostro que aun detenía a los admiradores mirlos y azulejos recién nacidos que cantaban y a palomas mensajeras que ya tenían marido. Sobre los frondosos árboles el tejido de sus nidos se observaban, había maravillas en cada revoloteo de alas que avisaban que un enemigo se acercaba. Algo muy fuerte recorrió cada milímetro de carne y sangre, sobre los fuertes huesos juveniles el sistema nervioso prendió su alarma como remolino al ver de nuevo los bellos y redondos ojos color azabache y muy brillantes como dos soles que se juntan para iluminar una nueva y sola galaxia de protagonistas en éxtasis de un eterno idilio de los mismos dioses. No hubo maestro para entender y explicar esa sensación de pertenencia, que hizo estremecer las dos siluetas que se juntaron cada vez que el viento de la historia apuntaba sobre la red de la añoranza que ya no regresa.



El mayordomo de la hacienda les hizo algunas recomendaciones, los condujo al establo para luego salir montando a trote sobre el caballo árabe cenizo y el potro salvaje negro azabache. Los dos juntos parecían volar por el aire como locos enamorados que tejen aromas y perfumes de añeja primavera, que se guardaron en estuches de musas y hadas visitantes. Construyeron el futuro en menos de una hora y se vieron en la cúspide de la montana a donde sus parientes no querían regresar por miedo a otro tipo de conflicto entre la jungla que era asaltada por bandoleros que se robaban la madera como en los escondites de los grillos. Los caballos unían sus lomos al galope con la brisa, las manos se juntaron como tormenta de agosto en la molienda y creyeron correr sobre estepas privadas de mundos sin entrometidos. El anciano responsable del cuidado de los herederos que los había despedido antes de la salida del sol, expresó que juntos a ellos debía ir una de las yeguas en el próximo recorrido sobre la sabana para no alterar brisas y vientos que bajaban como relámpagos sobre los arrayanes y que despeinaban las largas cabelleras de los trotadores sobre todo la de la yegua que estaba junto al trio.



Siempre que hay fiesta sobre algodones alguien interrumpe el idilio de los audaces como si magias grises aterrizaran sobre calzadas, desiertos de duendes y demonios. El pedazo de metal saltó por el aire debajo de los cascos de la yegua rojiza y pegó el impacto sobre la hermosa ceja que se había tejido con filamentos de zafiros y finos arbustos del selvático roble de las mismas fanegadas. Cayó sobre la piel sangre fresca y rozagante que asustó al de los besos, lo tomo por sorpresa como payaso improvisado del drama que lamenta la tragedia. En suspenso logró pensar en la defensa como si fuera capitán de artillería con experiencia. Uno de los cuerpos rodó sobre la pradera mientras el otro vio como tenue y encanto su amor como lava de volcán en un instante revolcarse sobre el césped que hizo de colchón para no reventar el joven corazón que empezaba a envejecer por los besos y las mismas caricias del romance. El caballo frenó en contravía dejando ver la fuerza de cada brazo sobre el suelo acostumbrado a desechos de vacas y toros que también usaban el terreno para sus vidas. Creyó ver un cadáver en el piso, pero era mentira porque un beso despertó al moribundo enamorado que saltó adolorido como sombra y dijo no tener miedo en la caída. 



Regresaron a la hacienda inmediatamente con sangre en sus trajes, de nuevo vieron las plantaciones que estaban esparcidas entre cítricos, guayabas y mangos, en fila india habían pequeños arbustos de uva que también hicieron guardia de honor al accidente inesperado. Los trabajadores se asustaron, ellos se armaron con rifles y escopetas, porque temían a la chusma armada que acostumbraba a robar el ganado y que esos escogían a los terneros que crecían entre las ramadas como presas fáciles para los cuatreros que venían del país vecino como en manada. Desde entonces los asesinatos estaban entre los indefensos, los secuestros quedaban impunes porque la policía de la región y las autoridades civiles eran cómplices y algunos eran los autores intelectuales de los insucesos que mellaban la risa y la misma felicidad de los habitantes. Las balas aparecían como luz y sombra cada instante aun entre los cambuches construidos para sostener a las enredaderas. No fue grave la herida pero era de cuidado cualquier ruido extraño aun en la planicie debía observarse y los binóculos traídos del norte ya se usaban como elemento de guerra contra los haraganes .



Al llegar la noche el rio sirvió para transportarlos en un pequeño barco destartalado al enfermo, los dos huyeron de la inexperiencia en brazos del amor que empezaba con paso de león rugiente, como tigres tuvieron que navegar solos con el motorista, los otros tenían miedo a los ilegales armados, la noche enceguece las aguas de los ríos y más cuando son caudalosas y salvajes llegan los malhechores a ver si hacen un nuevo agosto. Fue afortunado el accidentado porque a su lado estuvo toda la noche el enamorado que a paso de canoa veló aun hasta la camisa que había cambiado de color entre escarlata y verde, y allí estaban las huellas del golpe pero los enamorados siempre se las ingenian y crean recursos para solucionar la tristeza aunque las balas arriben por el aire o ráfagas de ametralladoras asusten a los leopardos desde los matorrales donde se escondían los asaltantes. 



Es cierto que se amaron sin experiencia porque sus progenitores no tenían la sabiduría para explicar la inexperiencia. No hubo sino un solo romance como de película fantasiosa de esa que para narrar las historias hay que usar la imaginación porque ciertos hechos al recordarlos parecen que se hubieran tejido con magia de hechiceros. Se impregnaron los amantes de valentía y dejaron que sus fuerzas se fusionaran en secreto en las tardes. Besos que se multiplicaban cada día, caricias que estuvieron cerca en cada noche con encajes que llegaban entre quejidos, sollozos y apretones de dioses invisibles que arriban a cuidar cada beso. Nadie entendió porque hubo peligro de parte y parte y como se las ingeniaban los bandoleros para perseguir el objetivo y tratar de secuestrar al inocente. Jamás se separaron entre la vida, las ansias y la muerte. Crecieron juntos como los arrayanes cerca a las cementeras con flores y sauces. Caminaron muchas noches, el horario era el enemigo que se interponía porque las edades no estaban para cambiar las leyes o hacer de nuevo una constitución para enamorados y las normas se imponían sin preguntas como si las ordenes bajaran del ocaso sin remiendos.



La familia se interpuso entre los dos claveles al creer que dos razas distintas no debían amarse y menos entre diferentes y de distintas clases. El color de la piel de uno de los dos, alboroto la discriminación propia de los hipócritas. Hubo tristeza al saber que al millonario lo sacarían de la nación para evitar roces con el torbellino que se formó alrededor de cada pétalo y gladiolo como nave que sobrevuela el espacio por miedo a perderse y estrellarse cerca al pico de las montes. Los adultos pensaron que era la mejor solución para truncar caricias y golpes de la brisa sobre aquellas curvas que dejaban eucaliptos y laureles con cada sombra y luz a su paso. Los dos no aceptaron decisiones erradas de los envidiosos, se enfrentaron a los mayores sin una sola discusión y no escucharon los lamentos, pero alguien como dictador grita sobre los turpiales. 



Salieron huyendo y corrieron como rayos de sol a otra metrópoli, una muy lejana de esa urbe, esa los recibió con encanto sobre parques y andenes mugrosos que no tenían celador ni seguridad en sus vías. Se refugiaron en casuchas abandonadas por la guerra, empezaron a trabajar cargando bultos a los campesinos que llegaban con sus productos a la plaza. Lograron ingresar a nuevas aventuras mientras se seguían adorando en sigilo, sin lanzar gritos alrededor de los trogloditas ni penas a los desocupados chismosos que había por montoneras entre las chamiceras y los bejucos. No hablaron de amores, cerraron sus secretos con claveles del lejano bosque y en silencio seguían construyendo el romance. Simplemente sin prisa se quisieron entre sigilos y remansos como si un relámpago los hubiera pegado con soldadura intergaláctica. Como rubíes brillaron cada mañana, cuando el sol salía ya estaban en la faena consiguiendo el pan del día y aprendiendo a tejer el nuevo rumbo. Hubo esmeraldas entre las sonrisas de cada noche y poco a poco se olvidaron de sus ancestros que habían violentado la mejor etapa en la vida de los soñadores.



Cinco años duro el perfecto romance entre vientos huracanados con nuevas junglas en donde el aprendizaje ocupo la primera fuerza, las innovaciones de los inteligentes logro mantenerlos con vida superando cada obstáculo y consiguiendo superar aun los remiendos en cada camisa. Los dos se convencieron que se habían alejado de su gente, familia y pueblo. Estaban siempre juntos como trenzas amarradas y libres como aves de la selva. Aun eran muy jóvenes pero aprendieron a quererse. Los otros en la nueva urbe se imaginaban que eran de una misma familia, con quienes ellos compartían cristales y luces creían que eran nacidos cerca a esos lugares de transito en la noche. La belleza permaneció en ellos como ángeles que no envejecen. Un fuerte amor entre todos los amores hizo clarear aun los anocheceres. En cada minuto nunca faltaron los besos. Cada noche era un nuevo amanecer con éxtasis y sueños, dejando caer roció sobre telas que humedecían hasta los laureles de la autopista con sus lirios. No todo “es color de rosa” cierto pero siempre hay alguien que rompe aun las rocas que viven como cavernas la mente del ocaso.



Ahora ya tenían donde convivir como espacio de pareja sin complicaciones. Los inteligentes siempre saben sortear cada hecho y nunca hay disputas. Sabían estar alejados de los brutáceos. La empresa patronal llamó para decirle que el amor de su vida estaba en el hospital agonizante varias horas atrás, que hubo un golpe que no pudo el aire contener su bella figura. Su intrépido tigre se había desmayado al caer la tarde del ocaso sobre las baldosas del laboratorio en donde trabajaba como asistente. Le dijeron que estaba silencioso sobre una cama de tejidos transparentes y que manos cuidadosas estaban cerca a la tragedia. Que él ya no hablaba. Cuando recibió la noticia ya había sonado el teléfono de su empleo, corrió como potro y voló como águila en busca de su amante y vida para tratar de salvar aun su despedida. No fue fácil verlo allí tendido entre aparatos modernos y lámparas de neón que se apagan en minutos como flash de fotógrafo en aprendizaje. 



Alla estuvo sobre los bordados su media naranja como si fuera una pesadilla que bombardeaba el idilio sobre rosas danzantes como de aniversario. El médico simplemente dijo: “hace tres horas está así y no respira. Su sangre ha dejado de circular y sus reflejos ya no responden”. Lo tomó por la cintura y lo acerco a su boca frente a todos los testigos que se hallaban en el salón de cuidados intensivos, le declaró su amor eterno sin contratiempo y no le importo cada comentario. Aun sus manos estaban tibias lo recuerda. Lo besó con suave ternura como la vez primera cuando sobre las aguas de la quebrada cómplice del romance fue testigo de esa primera entrega en el romance. Guardó silencio y metió su deseo dentro de una nube azulosa que aun pasando los años y el tiempo recorre cada día todo su cuerpo.



Por fin lágrimas pesadas rodaron por sus mejillas mientras los padres consanguíneos de su amor llegaron para presentar nuevos suspiros entre la tragedia y despedida. También quiso suicidarse para alcanzarlo en el viaje que ya estaba arrancando muy en la madrugada de la juventud. Sin llorar pensó que había algo sobre los claveles que nunca iba a entender aun entre las orquídeas. Sigilosamente abandono el recinto y se dirigió solitario para dialogar con los magos de la galaxia. Las rosas que estuvieron en la sala y aposento se marchitaron lentamente desde  entonces y los perfumes se evaporaron al lugar de mansiones gelatinosas como para no volver a empezar con nuevos besos. Salió de la ciudad, busco refugio en otra tratando de llegar a nuevos países y adelantar estudios para tratar de encontrar la respuesta antes de salir al viaje del encuentro. No fue fácil conciliar el sueño o confiar en quienes por su trabajo lo rodeaban pero siempre se impuso el romance y fue el mismo que le dio fuerzas para nuevos amaneceres con encanto.



Metió cada beso dentro de mudo nicho y lo cerró con encajes extraído de la última camisa. Guardó con cerrojo de oro el crisol que no había envejecido desde aquel amanecer. Luego lanzó un pequeño grito aterciopelado que estremeció la alergia de los canarios convirtiéndola en tristeza de baratija. Hoy es de madrugada y el reloj de la pared marca las tres de la mañana. El conserva la risa de su romance como el bordado que realizo como pintura en su camisa. Tiene el corazón partido y sangra gotas de sentimiento y aceite reemplazando cada lágrima. Lo ve llegar en sueños y permanece solo desde entonces esperando un nuevo encuentro como entre dioses que se cruzan.


Afirma y dice que en cada madrugada hay una brisa fresca y placentera que lo transporta a contemplar los mismos besos. La silueta que aún conserva esta como si fuera el mismo primer instante con sus caricias y sigue alimentando el mismo amor sin envejecer. Lo ve cerca cada noche y despierta seguro creyendo que el amor eterno esta muy cerca y que despierta cuando el nuevo sol llega con nuevas brisas y su aroma aun esta sobre su perfume.

Friday, October 5, 2018

Moscas Voladoras


Moscas Voladoras
Por Leomas

Las moscas eran originarias de un lugar gobernado por ratas apestosas, con carranchil madrugador. Los ministros gobernantes de especies y familias diversas, entre comejenes, pulgas, niguas, garrapatas, chinches, piojos, gusanos, cafres, alacranes, escorpiones, culebras y víboras. Los decretos presidenciales para desintegrarlas y desaparecerlas, hicieron fumigar con tóxicos y ácidos, cada uno de los cambuches, espacios y potreros, donde vivían con sus huevos y crías. Ningún químico pudo con ellas para liquidarlas. Su naturaleza las hizo inmunes a otras maldades y perversiones, que de sus congéneres habían heredado. Ni siquiera tenían modales para escupir sus propias diarreas y vómitos. Ellas transportaban en sus patas ciertas defensas, que repelían cualquier ataque con pequeñas alas y cilios blindados como locomotoras de magos y brujos.


Se las ingeniaron para sobrevivir usando alcantarillas, cuevas, huecos de grandes raíces, tumbas desocupadas y fosas comunes, escondidas aun en los batallones de perros y lobos voraces. Algunas de ellas con sus cascarones y familias, se camuflaron con disfraces hechos por murciélagos europeos, para vivir incógnitas debajo de alas de las indefensas aves, que las transportaban muy cerca a las oficinas de funcionarios, mercaderes, mercenarios y otros cruzados ratones comerciantes de harinas procesadas en la selva de los zorros, zorrillos, leones, tigres, hipopótamos, elefantes y panteras. Lograron contagiar de picardías novelescas a inocentes animalitos de la montaña plana encantada que cultivaban cítricos y legumbres.


Muchas veces las sabandijas se metieron en tazas y vasos, de diplomáticos gorilas, cuando estos calmaban la sed o el hambre, con jugos de frutas que usurpaban a hormigas, estas eran las únicas que trabajaban labores de campo y en plantaciones de hortalizas, frutas y granos. Varios de sus hijos resultaron con diplomas que falsificaban en las calles de los azules y rojos abejorros, que exhibían con cinismo y prepotencia en los consultorios que sus antepasados, los mismos que habían construido para paredes para aparecer como doctores y científicos de altas alcurnias inventadas. Las mosquitas y mosquitos descendientes, eran feos y grotescos animalitos, expertos en negocios ilícitos y astutos para redactar leyes y reglas, que sometían a otros seres galácticos, con artimañas ventajosas. Algunos de sus parientes, habían ido al exterior de sus propias fronteras, para aprender otras mañas y costumbres, que se hicieron comunes en pueblos y caseríos del extenso y complicado territorio.


La doctoritis fue causa de escándalo, al comprobar que en las entrevistas, ninguna de las enmascaradas respondía a los interrogantes. Afirmaban simplemente que se les había olvidado hasta la dirección del inmueble en donde ellas se habían especializado. Los jueces eran cucarachos mezclados y clonados con sangre de blancos abejorros y de gusanos monos voladores que habían inmigrado de las Europas apoderándose de territorios sagrados de quienes trabajan. Las más listas se habían hecho escoltar por peligrosos grillos armados, que habían sido entrenados en guarniciones militares por extranjeros y transportados en cajas de madera desde el norte y oriente con permiso debajo de la mesa de los tramposos cafres de siempre. El gobierno lanzó un nuevo panfleto para desintegrar a las moscas definitivamente y dio órdenes por debajo del pupitre, para masacrar a gansos y patos, que eran defensores de la vida de todas las especies vivientes aun de las malvadas y dañinas sanguijuelas de las urbes.


El ministro de gobierno planeó matar también a las avispas que eran criaturas inteligentes y castas porque incomodaban a los ilícitos. Estas pensaban a favor de la región entre sur y norte, oriente y occidente. Las mas intrépidas de las avispas, murieron lentamente con ráfagas de pistolas, revólveres, fusiles y ametralladoras, disparadas en las mismas edificaciones en donde ellas procesaban un especial alimento, que servía para mantener con comida fresca, al 90% de la población animal y que en forma abusiva, se exportaba a otros países pero nunca conocieron a donde iban a parar dinero y ganancias de sus productos.


Los gobernantes se aliaron con zánganos y sancudos venenosos, para asesinar a toros, mulas y gatos. Estos eran espías de los mismos animales armados provenientes de naciones que fabricaban bombas y artefactos dañinos y peligrosos para el vuelo. Las avispas se alborotaron en su ingenio, y enviaron sendas cartas a los gobiernos vecinos buscando protección para ellas y sus familias. Las moscas tenían zapos con alas postizas como espías, para saber el quehacer de otros y otras. Una mañana de abril se enteraron de los audaces planes de esas que realmente volaban y fue demasiado tarde porque en grupo vieron llegar a los sicarios perros de una ciudad de la montaña.


Moscas, patos, gansos, caballos, hormigas, cucarachas, zapos, gallinas y avispas, se confundieron cuando se dio entrada a los lugares de refugio con sendos documentos y nuevas cedulas identificadas. Las malandras moscas, fueron astutas y volaron debajo de las alas de palomas, turpiales, gavilanes, gaviotas, águilas y hasta dentro de plumas de golondrinas y otros pájaros que inocentemente las llevaron sin contratiempo como plaga. Algunas lograron falsificar sus pasaportes, haciéndose pasar por líderes comunitarios de los gatos o ciudadanos animalescos honestos de los grillos, y fueron pisoteados en sus derechos los justos osos hormigueros.


Las moscas inflaron sus buches y lograron pasar con tranquilidad varias de las fronteras vecinas, con sus cajas, bultos y ollas, y otras alcabalas de países amigos y solidarios con las avispas, patos y gansos. Allá en los potreros de otros territorios, pusieron sus huevos y se multiplicaron tanto, que los lagartos y cocodrilos que gobernaban otras naciones sospechosas, se vieron obligados a cerrar sus fronteras y construyeron rejas amuralladas. Varias de las hembras se aparearon con famosos abejorros, blancos, negros y amarillos. Nacieron nuevas especies de moscas y su naturaleza se hizo más peligrosa que sus ancestros en los nuevos territorios extranjeros.


Una aguja falsa de oro, confeccionó nuevos trajes a mezclados y clonados. Estos recibieron clases de glamur y etiqueta, bajo las orientaciones de escuálidos marinos, que nadaban raros, y se nutrían con sobrantes de peces espada. Las moscas refugiadas se inventaron historias de familias e hicieron creer que ellas eran profesionales de alta envergadura y que debían tener trato igual al que recibían los diplomáticos chimpancés que habían sobresalido en oratoria, teatro y canto. Algunos moscos ya tenían como costumbre reunirse en privado con otros machos para acariciar sus intimidades y en el mismo lugar consumían cerveza y licor adulterado traído por  leones contrabandistas que se escondían cuando las patrullas de panteras custodiaban zonas y carreteras.


Cambiaron su abolengo y oscura estirpe, con cuentos de reyes, emperatrices, príncipes y personajes sobresalientes de la selva alcalinizada que nunca existieron sino en sus mentes porque tenían una imaginación como para competir con los mediocres e ineptos directores del teatro y farsa de los cucarrones morados religiosos. Algunas hasta se atrevieron a decir que eran hijas de duendes y que tenían poder para hacerse invisibles y viajar a otras dimensiones con un sexto sentido para la tele génesis. Otras daban recetas y pócimas para el amor o fórmulas para la eterna juventud, que aun hoy en día no lo han logrado experimentar y siguen echando cartas y naipes en las mesas de los nauseabundos buitres del oeste. Los castos curíes que son los más estudiosos del sexo entre todas las especies de la loca jungla, se dejaron seducir por los falsos encantos de esos glúteos siliconados de las ratas y creyeron que esos cuerpos eran femeninos pero al desnudarse cada uno, entendieron que esas antenas eran de murciélagos que venían del Mar Mediterráneo y que eran simplemente rellenos de plumas de cuervos de la roca.


Una tarde mientras las moscas ponían sus huevos en las cuevas improvisadas de las nuevas ciudades, explotó un tanque que almacenada un raro combustible gasóleo, rápidamente se extendió por todos los puntos cardinales del continente alargado y confuso. Los primeros en morir fueron los moscos machos que estaban sobre los tejados de finas enredaderas y que se hicieron vistosos sobre elegantes orquídeas lisonjeras. Luego el gas apestoso avivó la fuerza del mar y del viento, y aparecieron inundaciones y huracanes que barrieron cuevas, y hoyos en donde dormían esas que nunca habían trabajado, con sus formulas e incubadoras necias. El agua radiactiva y la sopa putrefacta que caía como lluvia, también hizo su agosto y destruyo las latas de las cantinas de las monas gorilas que lucían trajes de seda robados del monte de las arañas gigantes.   


El mar sacó a la superficie los huevos con las madres moscas muertas. Los buitres esos días almorzaron y cenaron como nunca, con un manjar que ellos creyeron exquisito. Aquello que no pudo los tóxicos, lo terminaron los cuervos más jóvenes como alimento para su futuro pero también sus buches fueron contaminados por comer a deshoras de las recetas y recomendaciones de los médicos caballos. El espectáculo era semejante a danza de prostíbulo barato de los gallos o cabaret de ratas apestosas. El gas siguió su recorrido por el aire de sur a norte y poco a poco fue exterminando a todas las moscas aun a las cruzadas con abejorros blancos del norte. Las pobres moscas morían sin derecho a un funeral común porque los chulos también estaban en aumento y no hubo comida ni cama para tanto animalesco.


La tragedia fue mayor al cruzar el tóxico por encima de un terminal nuclear de lombrices muertas que se ubicaba frente a la costa de los turistas lobos llamados chupasangre. Las dos fuentes se mezclaron y el terror se apoderó de oriente y occidente. Las moscas empezaron a morir en sus otras cuevas al otro lado del mar del conflicto amoroso de los abejorros grises. Nadie se daba cuenta del episodio porque los gobernantes con sus grillos armados, y anófeles voladores armados, trataban de frenar la macabra odisea de la muerte y la desintegración hasta de cultivos lícitos y de aquellos que sirvieron para la farsa de la fiesta.


Las aguas de ríos y mares empezaron a ver cuerpos inertes de otros animales y de los mismos gobernantes sobre su superficie. El aroma nauseabundo que dejo la descomposición natural de cada cuerpo, hizo tétrica la mañana con su tarde. Las noches se convirtieron en apestosas letrinas con aromas putrefactos sin rosas ni claveles en cada horizonte y sabana. Los ríos se desbordaron aumentando la desolación en los plantíos y barrios amurallados de los murciélagos. Las moscas no volvieron a nacer en el aire. Cada animalito fue desapareciendo poco a poco a medida que avanzaba la hecatombe. Un fuego infernal apareció entre el aire huracanado contaminado. Todo quedo como polvo desintegrado y el ultimo en morir dijo realmente estábamos de paso.

Cucarachas Trepadoras

Cucarachas Trepadoras
Por Leomas


Con dificultad intelectual y problemas en su locomoción, las feas y horripilantes animalitas, lograron ingresar a una escuelita primaria, en donde aprendieron a leer y a escribir, con algo de geografía, historia, artes y matemáticas básicas. Con ayuda de expertos cucarachos provenientes de los verdosos cafetales vulcanizados, las crías organizaron bandas de músicos y orquestas baratas, que las hicieron aparecer famosas en ciudades planas y movieron su débil esqueleto, compitiendo con abejorras de la montaña y sabana. En masa se matricularon en colegios de bachillerato  para estudiar trigonometría, física, química y raza. Ellas escalaron la nefasta cuesta de las cucarronas de los tubérculos como plaga.

Una a una se fue perfilando candidata universitaria y al cabo de 20 años consecutivos, recibieron diplomas, estandartes y cartones, que fueron colocados en paredes de sus cavernas y en vallas publicitarias de sus cuevas, elaboradas por ratas que habían llegado de las ciénagas cercanas y que se habían escapado de cárceles vetustas de los grillos de monte alto. Las débiles, se hicieron famosas y movieron su cadera cerca a las cuevas de moscos, recién llegados de la fosa de los cuervos y lograron conquistar a los asquerosos especímenes con ojos de monstruos de las oscuras profundidades.



La mezcla y el cruce de las dos especies animalescas, produjo como milagro una nueva raza de cucarachas alborotadas, que las llevó a debutar en cantinas nacionales con coronas reales, recibidas en otras plazas, en donde se confeccionaron con siliconas artificiales para los remiendos, los excesos de patas y jetas inventadas. Se dejaron llevar a otros sitios internacionales, al tratar y conocer a unas blancas abejorras que lucían prendas exclusivas de hadas secuestradas de la selva encantada y que las colocaron en pasarelas como magas inventadas. 


Los grillos dorados elaboraron con ingenio, cosméticos, lociones, jabones y cremas, para maquillar sus cueros, senos y caras. Ellas aprovecharon el estudio de la química para cambiar su silueta y se protegieron con ácidos camaleónicos, que las hicieron brillar, escondiendo sus patas, mañas y alas. Quedaron muy parecidas a otras especies, que habían nacido en otras planicies poco planas, entre cambuches y chozas dentro de la jungla clasificada. Todas empezaron a competir  a ver quien tenía la mejor cara y se ingeniaron las curvas con lazos para aparentar garbo y abolengo y lograr sobresalir en la selva encantada.


Los primeros cucarachitos fueron paridos sus huevos en calles destartaladas, avenidas y antros de cemento, que se habían construido lustros atrás entre pobreza, miseria, hambre y debajo de puentes raidos de madera, que dejaron los invasores cucarachos de territorios en donde el robo y sicariato era el pan de cada día en las jornadas. Las nuevas crías cucarachadas llegaron con cadera pequeña y algo de glúteos abultados, para mostrar encantos y siluetas recortadas. Sus críos también se miraron en espejos del contaminado rio y se dieron cuenta que sus glúteos eran algo parecidos a sus paisanas y que podían negociar, conquistando a los abejorros que en manada llegaban como turistas en busca de amadas cucarachas y amados cucarachos, entre romances y machucantes por nada.


Aparecieron rectangulares papeles perfectos y dorados, como si el adelanto superara a esos de mejor morada y manada. La escuela se convirtió en fábricas clandestinas con falsificaciones sin nada. Los periódicos de los grillos, regaron la noticia que los clonados habían logrado superar el talento de los tramposos grillos con sus hierros. Entre rejas y alcantarillas, hicieron maquinas reproductoras de plásticos modernos, que volaron a otras naciones como si los científicos abejorros se hubieran detenido en el ocaso de la calzada. Ahora la competencia se inicio en otras tierras mentadas y las jetas de las nuevas cucarachas aparecían en las caratulas de las nuevas jornadas. 


Las autopistas de los buitres se llenaron de papeles verdes y con ellos compraron suntuosos vehículos, que se transportaban de la selva grisácea de los monos imperiales, a las cuevas de esas que poco a poco fueron conociendo el mármol y las lociones no putrefactas. Los reinados, fiestas, corridas y carnavales, al lado de matanzas lubricadas, llenaron las reuniones y las pandillas cucarachadas tenían sexo en todos los rincones, aumentando la población y convirtiendo las estepas en pistas nocturnas y desenfrenos de calzones y pantalones almidonados. Los estudiosos perros pastores hicieron la denuncia que en fila sobre autopistas, los cuerpos de los cucarachos y cucarachas inmigradas, lucían sus bellos cuerpos y mostraban debajo de sus alas sus encantos aunque los consumidores llegaban de la ignorancia que bajaba. Hablaron de prostitución y el alcalde de la urbe redacto un decreto para que todos y todas pagaran impuestos y así con la colecta monetaria se pudiera hacer limonada, chicha y colada.


Los cucarachos inflaron sus alas y quisieron volar más alto que los abejorros marrones, esos que estaban gobernando los negocios desde otros horizontes cucarachados, las ametralladoras llegaron recortadas a salones de los grillos y la bala no pudo ser negociada. Grupos de cucarachos y grillos se disputaron los ilícitos y todos querían agarrar la mejor tajada. Muchos en revuelta barata o poco inteligentada, morían en restaurantes, hoteles y hasta en moteles amancebados como novilladas. Los cuerpos aparecían dispersos y en grupo como si la fiesta estuviera antes también enlutada. Hubo guerra sin cuartel en campo abierto y los genes inyectados enloquecieron a cucarachos y cucarachas idiotizadas.


Desde varias esquinas las balas se cruzaban, al lado de picaros y ratas, morían otros sin sazón ni cebada. El fuego de los perversos aumentó la tragedia y las casas y edificios de los necios cucarrones, fueron devoradas por llamas alborotadas. Los hospitales de los mariapalitos no alcanzaron sus camas para solucionar las heridas y en grupo desaparecían como tormenta olvidada. Los zánganos cucarachos habían aprendido a fabricar bombas y armas sofisticadas. Las empezaron a usar y murieron muchas y muchos, que estaban en contra de las clonadas. Como mercancía barata o jugo de tierra colada, alcanzaron a desaparecer los lideres entre carreteras amuralladas. Algunos lloraban la partida de sus amigos y aliados y otras sin vergüenza rezaban pero esas mismas antes sus armas habían sido disparadas.


El orgullo y vanidad de las hembras, las hizo renovar sus ladrillos y se inventaron una gelatina blancuzca para transformar sus moradas. Allí llegaron los murciélagos para devorar a los virus y engendros que usaban como alimentación y también como jugada. Todos los mugrosos engendros estaban apostados como finos remedios en tiendas de campaña y en ollas de sopa cucarachada. No hubo lugar para los muertos porque los cementerios estaban ocupados por otros muertos entre la contienda acalorada. En grupo de 100 en 100 para esconderse, se metieron 30 metros bajo tierra para proteger sus familias, quedando desolación entre las pobres cucarachas que nunca antes habían poseído nada. Los descendientes  caminaban raro como novias alborotadas y movían la cadera como cortina encantada,  ellos escondieron sus apetitos románticos y metieron sus gustos entre armarios encaletados, construidos con musgos y sin ninguna risotada.


Las cocinas cucarachadas, dejaron de oír chismes y calumnias, en donde de todo el mundo se rajaba y criticaba pero era costumbre no sostener nada. Empezaron a tomar conciencia que no se puede llegar lejos cuando la naturaleza es baja. Los mansos abejorros amarillos, guardaron sus espermas y no dejaron que sus semillas fueran clonadas. No volvieron a nacer cucarachas mixtas y como la uva algunos huevos se fermentaron como tequila o borracha ilusionada. La tierra y naturaleza les clavo una gran jugada y fueron despareciendo como cantina diezmada. Todas salieron huyendo con sus escaparates de la planicie encantada, con cajas y bultos de desperdicios atravesaron la jornada. Llegaron a Cuatro Esquinas y descansaron con sus huevos y crías con penas enajenadas.


Los pocos ancianos cucarachos y las pocas cucarachas viejas, se las ingeniaron para buscar ayuda y tuvieron que acudir a los científicos abejorros morados sin sexo pero listos a la experimentada, que habían arribado al lugar del nororiente lejano y con fórmulas robadas. Tuvieron que empeñar sus alhajas de oro y plata para costear los servicios de la investigación genética para la nueva raza cucarachada. Uno de los estudiosos morados logró dar con el chiste y recomendó sacar los genes clonados de los animalitos y dejarlas como eran antes de la fiesta anaranjada y al lado del orgullo rosado, para que aceptaran el reto que también había hecho su agosto por las calles carnavaladas cuando inquietas se creyeron todas almidonadas.


La ciencia de los morados abejorros les preparó una pócima que debieron tomar en proporciones iguales, las unas y los unos, para regresar a su pasado rastrero de cuevas y cavernas estiercoladas. La disciplina y simplicidad acompañó cada bebida entre llantos y sonrojos si quedar casi nada. A medida que la consumían iban cambiando el color de sus ojos, el cascaron y sus patas. Dejaron de volar alto y perdieron el gusto y olfato por las cosas exquisitas de ciudades y junglas ensortijadas que las habían ilusionado como si la naturaleza se pudiera cambiar como por arte de magia. Jamás volvieron a caminar y borraron de sus lentas mentes, pasarelas, reinados, fiestas, carnavales, comilonas y francacheladas.


Los otros animales involucionados, las vieron marchar en grupo y caravanas, como quien sale huyendo por el disparo de los grillos apestosos clonados que también empezaron a preocuparse porque a ellos les pronosticaron que también se quedaran sin nada. La pócima les hizo cambiar de silueta y se les redujo la memoria para no recordar nada. Nuevamente entre gris, negro, grisáceo y sus escasas alas, empezaron de nuevo a lucir naturales sin jabones de nácar o perfumes extranjeros sin olor o gracia. 


Grabaron para su futuro y se convencieron, que no debían pensar en el futuro porque una guerra radiactiva las dejara sin nada. Una frase las hizo diferentes entre multitudes diversas que por el efecto del arco iris que se forma después de las tempestades. La sencillez regreso de nuevo sin exageraciones, suntuosidades. o cachivachadas: Es mejor ser una cucaracha verdadera que tener que imitar a las hembras que tienen en su cola la raza alborotada aunque estas tampoco poseen nada. 

Quiero Quedarme


Quiero Quedarme
Por Leomas


El conductor del vehículo campero llego acelerado a la casa de la finca para transportar al hermoso mancebo a la ciudad lejana que lo haría bachiller, posiblemente varón de letras y ciencia, tal vez regresaría borracho enviciado con nuevos apellidos y seguro caminando como en pasarela de falsas reinas. La noche anterior había pasado junto a sus tres amigos que hacían parte del cuarteto compinche de la luna y algarabía. Hubo prisa para subir las maletas y un fino estuche con viandas para el recorrido. No querían lágrimas sobre las hojas que el otoño había soltado por el camino carreteable que conducía a la hacienda en donde en grupo tejieron ilusiones y leyendas, y estas fueron olvidadas por los nuevos cantos y música que llenaron tarimas y escenarios sin talento y finos videos.


A las 9.00 de la mañana el día se hizo tarde, una nube grisácea estaba apostada sobre el azul firmamento lanzando penas y congojas sobre la esbelta piel de los adolescentes que contenían la respiración porque sus ancestros les habían prohibido llorar a los varones en las carretas que dejan huella sobre verdes pinos que se tornaban crueles como látigo que deja a varios con heridas. Allí estaban cerca los obreros con sus pesados troncos que llevaban en su espalda, no les permitían enterarse de la tragedia que los cuatro enamorados inexpertos padecían. Ellos no se atrevieron a mirar el alboroto que estaba formando el aire de los amigos ni la brisa tormentosa que recorría las venas de los audaces que se hacían cruces para no aceptar la realidad que los hizo trisas como cenizas al dejar salir al lirio que entretenía y los hacía resplandecer de dicha porque estremecía sus corazones y sus curvas tejían lágrimas al saber que jamás volverían a tocar sus tiernas caderas.


El joven protagonista guardo silencio, no entendió porque debía partir a tierras lejanas para empezar de nuevo construyendo nidos y acariciando paisajes desconocidos en el horizonte que aunque bello a ojos humanos, también sembraba congoja. Cada árbol traía consigo recuerdos y cada hoja el idilio de repetir la mirada profunda que deja a quien se acerca en temporada. El sol estaba muy atento a miradas como fiel testigo de la última amapola en el romance. Todos bajaron la cabeza para despedirse de la tierra que los sostenía entre manos silenciosas y labios acomplejados. El motor del carro encendió su marcha, una ruana nueva confeccionada con lana virgen de oveja blanca, cubrió el delicado cuerpo del muchacho que con sigilo se despedía para siempre de sus andanzas aunque en su mente estaría eterno su remembranza.


Los doncellos no se abrazaron simplemente clavaron sus ojos grandes sobre la hermosa silueta que logro formarse debajo de la palma de coco que estaba sembrada muy cerca a laureles que alguien había sembrado cambiando de lugar la semilla que habían traído de una montaña alta. El viaje sería de 24 horas por modernas autopistas y caminos destartalados. Él se imaginaba la aventura como nido entre galaxias, para siempre como muerte de ruiseñor gigante. Se sentó cómodamente en la parte delantera del automotor como para no clavar la vista en la cruel despedida, se puso un sombrero sobre su cabeza para disimular que lloraba gotas de sangre al separarse. Su corazón quedo partido y se entrecruzaron sentimientos y sollozos. No pudo resistir componer una nota con varias penas y creyó aumentar su memoria para no olvidar cada golondrina.


¡Todo está listo dijo quién iba al volante!. Las llantas del campero se movieron como docena de caballos con audaces jinetes que giran sobre la pradera desconocida tejiendo una danza de bisontes en grupo. No hubo música al instante porque había dentro de cada corazón, una melodía que irradiaba melancolía como para idiotizar al intrépido que había aceptado el viaje por las críticas que surgieron después de haber encontrado cartas y secretos que robaron los hipócritas. El ave gigante y tierna alzo vuelo entre los espesos matorrales y precipicios que estaban al lado y lado de la autopista, con sus sobresaltados árboles y bosques que aún existen. La retirada fue cruel y desde ese instante jamás se volverían a ver y la usencia seria de por vida porque la cruel adolescencia es simplemente una etapa que se quema con la primera cerveza entre los inocentes.


Sus aliados nunca lo alcanzarían, el vuelo del cóndor lo llevaría a nuevos parajes sin musgos ni aguas cristalinas de esas quebradas donde jugaron en aquellos días para disimular que nadando escondían las picardías y los amoríos que todos guardaban. Querían repetir a cada instante sus caricias y los besos que disimuladamente estuvieron allí a escondidas entre las lozas frías del anochecer. Los adultos se hacían los inocentes para poder esclavizar a los infantes que aun obedecían las contradictorias normas de la farsa social que habían montado. Todos los adultos llevaban doble vida, eran tan hipócritas que iban a un raído templo que ni siquiera tenía puerta de santidad a contar sus pecadillos a un sacerdote de mentira que tenia sexo aun entre las esquinas de los arbustos. Durante el viaje guardo silencio, cerró por varias horas sus ojos para imaginar que era un sueño o una mentira la odisea que estaba viviendo por no tener la edad para independizarse ni el coraje para enfrentar a quienes conducían la enseñanza aprendizaje de la farsa comerciante. Cada minuto el vehículo aumentaba la velocidad, el ordinario conductor que iba al volante creía ir sobre una nave invencible olvidando que las maquinas también traicionan a quienes creen que están sobre la verdad de la velocidad.


Por fin recordó esos besos y abrazos que aún estaban tibios sobre su armonía y una sonrisa burlesca aclaro el medio día cuando quien manejaba el automotor dijo que era hora del almuerzo. El joven bajo del carro lentamente, se paró junto a los abetos que estaban como floreros adornando el paisaje que lucía la temporada, lanzo un suspiro silencioso para no herir el corazón partido y en sollozo, ingreso al recinto para decir que no tenía hambre. La hermosa doncella mesera lo miro de frente como campesina que disimula su apetito, le sonrió exclamando que en la cocina tenía algo fresco para ofrecerle, le mostro la carta que el no quiso leer porque sus deseos estaban en la distancia. La hermosa niña le siguió insistiendo pero sus oídos estaban sordos, las caderas de la inexperta no lo hicieron responder al apetito y simplemente le dijo que le diera un vaso con agua mientras escogía el reemplazo. Acepto comer una vianda que traía consigo como para imaginarse que otros estaban con él. El conductor de nuevo insistió que debían continuar el viaje, su mirada estuvo fija al contrario de la vía, creyó ver muy cerca a esa realidad que abandonaba a quien logro esclarecer la duda y poner un lirio de oro sobre el girasol dormido que despertó aceptando la realidad que nada tiene que ver con pensamientos de ilusos filósofos o cachivaches de alcohólicos.


Dos horas más tarde lloro en silencio, sus lágrimas fueron secadas por el recuerdo, un pañuelo invisible guardo los restos que aún permanecen húmedos bajo un brillante sol que no logro calentar la dorada tela. Su llanto estremeció el minuto mientras los segundos seguían atormentando la despedida. Al entrar la noche llegaron por fin a la casona que sería su nueva morada. El saludo en medio de la tristeza a quienes lo abrazaban como un desconocido, sin saber estaba a doce horas de distancia de aquel primer recorrido. El edecán de la nueva familia le dijo que allí a casi once horas de distancia, esperaban que se quedara varios años, para empezar una nueva odisea entre los estudios y el silencio de un pueblo que solo las campanas rompían con el sigilo porque no había astutos en los parques ni laureles en las esquinas. Había cuervos grisáceos en los parajes y una que otra gaviota de esas que cobran los abrazos.


El frio amenazaba la alegría lesionando la fiesta improvisada de la temporada. En su primera noche escribió un verso con suspiros, al mirar el reloj en la pared comprendió que no había dormido. Las imágenes llegaban arrullando la soledad que sintió en sus venas, pensó que no debía haber nacido. La matrona lo fue a llamar al llegar la nueva mañana y traía en sus manos un mapa para que conociera la sabana. Su estómago solo sentía sed de otra cosa menos de agua y su corazón palpitaba de agonía en su pena. Siguieron el recorrido de nuevo frente al volante y por un camino que parecía más uno para el tránsito de mulas, se internaron a una velocidad moderada para lograr alcanzar la tarde final de su viaje. Durante ocho horas de viaje miro cada precipicio y esas gigantes rocas que logran asustar a los viajeros, hasta llegar a una gigante casa construida en siglos anteriores como para ver nuevos plantíos de colección en vetusto tiempo que se va como si el polvo le ganara.


La nueva vivienda lo recibió entusiasmada y un cuarto de huésped recibió como regalo de cárcel. Tres días duraron sus lágrimas entre llantos silenciosos y reparos, varios meses sus suspiros y todo el tiempo quiso volver a su anterior plantío. No fue fácil acostumbrarse a lo cotidiano de ese pueblo ni a los blancuzcos salones que se pintaban para conocer la fina limpieza de las paredes y los mismos paralizaron sus coqueteos porque no hubo nueva brisa, ni vientos lisonjeros que hicieran mover las tiernas hojas que saltaban dentro, para poder regresar a la conquista de sus añoranzas. La mansión estaba allí diariamente y varias mujeres atendían al forastero que guardaba silencio frente a sus parientes para no acongojar la bienvenida, ni a los obreros que recogían manzanas y duraznos y los llevaban a la mesa para el disfrute con silencio.


A los cuatro años termino su adolescencia y la etapa había segado los besos y los libros convirtieron en intelectual cada abrazo. El regreso con su diploma a la hacienda de sus lirios, camino de nuevo aquellos parajes contemplando los claveles que aun brotaban sin necesidad de cuidado en sus cultivos. No encontró los arrendajos ni a los turpiales que acostumbraban a pararse sobre las palmeras y cítricos. Escucho un fino sonido del turpial que alimento en sus ratos de ocio y rutina. Sus padres le mostraron el nuevo rumbo con varios tiquetes para viajar fuera de la nación de origen para especializarse al gusto de su progenitor que se creía propietario aun de las decisiones de su hijo. Fue la última navidad en familia pero aprendió a guardar distancia de los adultos y logro construir la mejor estrategia para nunca más aburrirse.


No acepto consejos de sus viejos, cambio la rutina por una nueva y gran ciudad al conocer que los aliados del pasado allí ya no estaban, sus amores habían tomado otros rumbos a nuevas tierras. Busco en el viejo baúl los recuerdos de sus compinches y cada foto, por última vez lloro sus fantasías para un final que se hizo cruel como despedida frente a la luna que también envejecía. Tuvo que conformarse con observar esas fotografías que guardaban los otros críos. Sus amigos y confidentes de infancia también lejos habían partido. Nunca más se volvieron a ver porque las comunicaciones estaban en cavernas oscuras. Los adultos eran expertos en  mentir y creaban historias imaginadas para sostener los falsos valores. Ellos todo lo arreglaban con fantasías y duendes inexistentes y leyendas que montaban como drama cada día y junto a la nueva farsa.


Salió de allí a la nueva nación que lo esperaba en donde se repetiría lo mismo  de sus pobladores. La causo risa y desprecio al salir al nuevo paraje para nunca volver al caserío que había disfrutado como niño. Dejo todo en su memoria pero trato de olvidar aquellos recorridos pero jamás saco de su corazón los besos y caricias de ese primer amanecer que estaba fresco pero en el olvido.